DIARIO DE UN GUERRERO

 

Los momentos de paz y tranquilidad murieron. Me ha costado entenderlo pero ha llegado el principio de un sinfín de días duros en la batalla. Por mi experiencia y años de combate podría ser capitán, pero por mi falta de eficacia cuando me enfurezco y por mi poca iniciativa sigo siendo lo que soy, un soldado, o mejor dicho, un mercenario con ideales, un triste soldado con alguna que otra mención al honor y medallas al valor y al coraje. Aún siendo soldado puedo ver la ironía que hay en ello. Aquellas medallas me fueron dadas, hablando pura y realmente, por haber matado, por haber matado mucho, por haber matado a muchas personas. Me pregunto qué hay de valor y de coraje en matar a otra persona; lo único que se necesita para eso es que tu alma viva en un invierno continuo, porque con la menor gota de calor que se cuele puede resquebrajar el hielo, y por  tanto destruir mi alma. Pero en fin, esa es mi profesión, que se ha convertido en una droga de la cual es “imposible” salir.

Hace dos días vi algo que se me quedó grabado. Hace conocí el coraje, hace dos días conocí el valor. Hace dos días conocí a una familia “pobre”. A pesar de sus problemas e inseguridades ante el mañana, formaban la legión más humilde pero la más indestructible que yo hubiera conocido. Quien esté leyendo esto pensará que tal vez formarían un buen frente de combate, pero ¿cuál sería el enemigo? ; y digo yo que qué mayor enemigo que la tristeza, el miedo, el pecado, el egoísmo. Esas personas no teniendo nada, me ofrecieron mucho más delo que podría haber recibido nunca: Esperanza , y el saber que alguien supremo me escucha y me quiere, como es Dios.

Por eso dije que los días de tranquilidad murieron, aunque más bien estos no mueren, ya que me los proporcionará Dios; más bien murieron los días de monotonía. Pero en lo de que empieza una batalla no me he equivocado, ya que tendré que luchar contra mi egoísmo, y ya no seré un mercenario con ideales, sino un guerrero, un guerrero por el amor. Sé que no es fácil, pero teniendo a Dios como mi amigo, mi padre, sé que no es “imposible”.

Dedicado a mi amigo y compañero

en esta legión,

Raúl: por las veces que

me has librado del enemigo.

GRACIAS.

 

Francisco José del Pino Díaz.