Encontramos al Buen Pastor en la dirección espiritual

Francisco Fernández de Carvajal, “Hablar con Dios”, Madrid 1986

Cada uno de nosotros necesita un buen pas­tor que guíe su alma, pues nadie puede orientarse a sí mismo sin una ayuda especial de Dios. La fal­ta de objetividad, el apasionamiento con que nos. vemos a nosotros mismos y la pereza, van oscure­ciendo nuestro camino hacia el Señor. Y llega en­tonces el estancamiento espiritual, la tibieza y el de­sánimo. En cambio, «de manera semejante a co­mo una nave que tiene buen timonel llega sin peli­gro a puerto, así también, el alma que tiene un buen pastor lo alcanza fácilmente, aunque haya cometi­do muchos errores» 29.

«Cualquiera comprende sin dificultad que pa­ra realizar la ascensión de una montaña es necesa­rio un guía; lo mismo sucede cuando se trata de la ascensión espiritual...; y tanto más, cuanto que en este caso hay que evitar los lazos que nos tiende al­guien (el demonio) muy interesado en impedir que subamos» 30.

La dirección espiritual nos es necesaria para que no tengamos que decir, al final de nuestra vida, lo mismo que los judíos después de vagar por el de­sierto sin rumbo ni sentido: 40 años hemos dado vueltas alrededor de la montaña 31. Hemos vivido sin ton ni son, sin saber a dónde íbamos, sin que el trabajo o el estudio nos acercara a Dios, sin que la amistad, la familia, la salud y la enfermedad, los éxitos o los fracasos nos ayudaran a dar un paso adelante en lo verdaderamente importante: la san­tidad, la salvación. Para que no tengamos que de­cir que hemos vivido de cualquier manera, sin sen­tido, entretenidos con cuatro cosas pasajeras. Y to­do, porque nos faltaron unas metas sobrenatura­les en las que luchar, un camino claro y un guía.

Puede ser necesario confiar a alguien la direc­ción dé nuestra alma, porque todos necesitamos una palabra de aliento si llega el desánimo por nuestras derrotas en este camino hacia Dios. Precisamos en­tonces de esa voz amiga que nos dice ¡adelante!, ¡no debes pararte, porque tienes la gracia de Dios para superar cualquier dificultad! Dice el Espíritu Santo: Si uno cae el otro lo levanta: pero ¡ay del que está solo, que cuando cae no tiene quien le levante! 32. Y con esa ayuda nos recomponemos por dentro, y sacamos fuerzas cuando nos parecía que ya no nos quedaba ninguna, y seguimos nuestro camino.           

Es una gracia especial de Dios poder contar con esa persona amiga que nos ayuda eficazmente en algo de tanta importancia, a la que podemos abrir el alma en una confidencia llena de sentido huma­no y sobrenatural. ¡Qué alegría poder comunicar lo más íntimo de nuestros sentimientos, para orien­tarlos a Dios, a alguien que nos comprende, nos es­tima, nos abre horizontes nuevos, nos alienta, re­za por nosotros, y tiene una gracia especial del Se­ñor para ayudarnos! Pero es importante acudir al que es verdaderamente buen pastor para nosotros, aquel a quien el Señor quiere que acudamos.

San Lucas nos narra de qué manera el hijo pró­digo siente la necesidad de descargar el peso que agobia su alma. También Judas se siente agobiado por la carga de su traición. El primero se dirige a quien tiene que ir y encuentra una paz que ni si­quiera podía imaginar; restableció de nuevo su vi­da. Judas debió volver a Jesús, quien, a pesar de su pecado, lo hubiera acogido y confortado, como a Pedro. Fue, sin embargo, a quien no debía: a quienes eran incapaces de comprender, y, sobre to­do, incapaces de dar a aquel hombre lo que necesi­taba. ¿A nosotros qué? Allá tú, le dicen. En la dirección espiritual encontramos al Buen Pastor que nos da las ayudas necesarias para no per­dernos, para recuperar el camino si nos hubiéra­mos desorientado en nuestro andar hacia Cristo.

 

29 SAN JUAN CLIMACO, Escala del Paraíso. 30 D. GARRIGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, Ed. Palabra, vol. 1, 2’ ed., p.297. — 31 Dt 2, 1. — 32 Eccl 4, 10.