El sexo irresponsable nunca es seguro

 

Lynette Burrows critica las campañas oficiales que promueven el "sexo seguro" entre los jóvenes (The Daily Telegraph, 26 febrero 2002).

 

Las estadísticas sobre enferme­dades de trasmisión sexual (ETS) en Gran Bretaña son alar­mantes, dice la autora. Por eso el gobierno pretende lanzar una nueva campaña de educación sexual. "Pero los anteriores intentos de educar a los jóvenes para que se aparten de las conductas peligrosas han sido contraproducentes. (...) Tenemos la mayor tasa de Europa de nacimientos extramatrimoniales, los abortos de chicas jóvenes se cuentan por millares y ahora, como en cumplimiento de un mal augurio, hay una epidemia de ETS".

En efecto, hay un millón y medio de británicos jóvenes en gran parte‑ infectados. La ETS que más deprisa se ha extendido es la clamidia, que puede causar infertilidad: desde 1995, los casos nuevos diagnosticados en chicas jóvenes han pasa­do de 30.000 a 64.000 al año.

"Ante la magnitud del problema, los comenta­ristas, en su mayoría, rehúyen hacer juicios de va­lor: no quieren `moralizar'. Es una reacción perfec­tamente respetable y ciertamente bondadosa, pero más bien errada: olvida que la ley moral se basa en las leyes de la naturaleza. Lo que ahora vemos es la respuesta implacable de la naturaleza a la promis­cuidad. (...) Los jóvenes son perfectamente capaces de entender esto, y tienen gran simpatía por lo `na­tural', como opuesto a lo sintético. Al presente, su mayor problema es que desconocen casi por com­pleto los riesgos del sexo irresponsable, pues desde la escuela primaria les han hecho creer que la cien­cia puede hacerlo seguro".

Así, pocos jóvenes saben ‑dice Burrows‑ que el preservativo presenta una tasa de fallos ‑como anticonceptivo‑ del 15%, según los propios fabri­cantes. "Por desgracia, no se facilita esta informa­ción a la gente joven. Ahora mismo, las autoridades sanitarias distribuyen un folleto a todos los chicos de 13 años. En él hay un recuadro que dice: `Solo los preservativos protegen a la vez contra el emba­razo y las infecciones de transmisión sexual, inclui­do el SIDA'.

 

"La mala información se completa en otro re­cuadro que advierte a los jóvenes: `Hasta 1 de cada 14 jóvenes tiene una ETS llamada clamidia. A me­nudo no presenta síntomas; pero, si no se trata, pue­de causar infertilidad al 10‑15% de los infectados. Usa siempre el preservativo'. Es un ejemplo más de uso desleal del lenguaje contra jóvenes inexpertos: creerán que no pueden contraer clamidia si usan preservativo. Las cifras `10‑15%' no les alarman: parecen muy pequeñas. Solo si se les advertiera que hay decenas de miles de casos de clamidia, empeza­rían a captar el peligro que entraña lo que la propa­ganda les ha hecho creer que es solo un pasatiem­po,”.

El riesgo está comprobado. Burrows menciona un informe del Medical Institute (Estados Unidos) publicado en julio del año pasado. Este informe (Condom Effectiveness for STD Prevention) se ela­boró con datos de los National Institutes of Health y tras revisar la literatura científica de los últimos veinte años acerca de las 25 principales ETS. Con­cluye que el uso sistemático del preservativo reduce el riesgo de contraer el virus del SIDA y también la tasa de transmisión de la gonorrea de mujer a hom­bre. Pero no hay pruebas de que el preservativo re­duzca la probabilidad de contraer otras ETS, entre ellas la gonorrea y la clamidia para las mujeres. Además, tampoco se han encontrado indicios de que el preservativo proteja contra el virus del papi­loma humano, causante de la ETS más común; al­gunos tipos de este virus provocan cáncer de cuello uterino.

"Así se explica por qué se extienden las ETS y se demuestra que los folletos que las autoridades re­parten a los jóvenes son inexactos desde el punto de vista médico. Lo que falta por explicar es por qué en los folletos no hay rastro de ese informe. Quizás la respuesta sea que mucha gente tiene interés eco­nómico en promover la anticoncepción, o adhesión ideológica a la libertad sexual. Estos dos motivos se apoyan mutuamente y han silenciado el debate pú­blico sobre los peligros del sexo irresponsable".

 

"Aceprensa", Servicio  40/02