Lecturas del 9-9-02 (Lunes de la Semana 23)
SANTORAL: San Pedro Claver
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 5, 1-8
Hermanos:
Es cosa pública que se cometen entre ustedes actos deshonestos, como no se
encuentran ni siquiera entre los paganos, ¡a tal extremo que uno convive con la
mujer de su padre! ¡Y todavía se enorgullecen, en lugar de estar de duelo para
que se expulse al que cometió esa acción!
En lo que a mí respecta, estando ausente con el cuerpo pero presente con el
espíritu, ya lo he juzgado, como si yo mismo estuviera allí. Es necesario que
ustedes y yo nos reunamos espiritualmente, en el nombre y con el poder de
nuestro Señor Jesús, para que este hombre sea entregado a Satanás: así se
perderá su carne, pero se salvará su espíritu en el Día del Señor.
¡No es como para gloriarse! ¿No saben que «un poco de levadura hace fermentar
toda la masa»? Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que
ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha
sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de
la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la
verdad.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 5, 5-6. 7. 12 (R.: 9a)
R. Guíame, Señor, por tu justicia.
Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada. R.
Tú detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor! R.
Así se alegrarán los que en ti se
refugian
y siempre cantarán jubilosos;
tú proteges a los que aman tu Nombre,
y ellos se llenarán de gozo. R.
+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró en la sinagoga y
comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en
sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo
sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y
quédate de pie delante de todos.» El se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el
mal, salvar una vida o perderla?» Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al
hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió y su mano quedó curada.
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer
contra Jesús.
Palabra del Señor.
Reflexión
Jesús entró "otro sábado" en la sinagoga.
¡Sí!, "otro" sábado.
Este evangelio señala la costumbre de Jesús. Su fidelidad cada sábado, en asistir al oficio religioso.
El Señor nos enseña a cada uno de nosotros, la necesidad de ser fieles a la oración, de ser fieles en la concurrencia a misa.
Jesús, fue respetuoso de las tradiciones religiosas, de la necesidad de reunirse para alabar a Dios.
Y en la sinagoga había un hombre con un brazo paralizado. Y Jesús, sin que el hombre se lo pida, "lo cura".
Lo cura un sábado.
Jesús descubre "la necesidad" del hombre.
Y los fariseos se pusieron furiosos. Para ellos el descanso obligatorio del sábado para dar Gloria a Dios, era lo más importante.
Y Jesús, no viene a discutir ese sentido de la Gloria de Dios; pero, en lugar de considerarla como una mera observancia legalista, va hasta el fondo de la razón que justifica el sábado; entiende que la Gloria de Dios es exaltada en primer lugar por el "bien" que se hace al prójimo, por la "vida salvada" a alguien.
Si Jesús contraviene a una tradición, no es para destruir el sábado, sino para honrarlo en profundidad.
Liberar a un hombre enfermo de su mal, es, para Jesús, un modo más verdadero de santificar el "día del Señor", que dejar a un hombre en el sufrimiento, por el pretendido honor de Dios.
Y Jesús dice al hombre: "Extiende tu mano".
Lo hizo y quedó curado.
Este hombre sanó, ante todo gracias a la fuerza divina de las palabras de Cristo, pero también por su docilidad en llevar a cabo el esfuerzo que se le pedía.
Así son los milagros de la gracia: ante los defectos que nos parecen insuperables, frente a metas apostólicas que se ven excesivamente altas o difíciles, el Señor pide esta misma actitud: confianza en Él, y poner por obra aquello que está a nuestro alcance.
Jesús nos dice también hoy a nosotros: "Extiende tu mano......", "esfuérzate".
Muchas metas nos quedan sin alcanzar porque no estamos firmemente convencidos que con la ayuda de la gracia, nuestros pequeños esfuerzos, se convierten en eficaces.
El Señor nos pide que extendamos nuestra mano.....,que luchemos por mejorar.....,no importa si antes fracasamos........, hoy Él nos pide un nuevo esfuerzo.
Vamos a pedirle al Señor, que nos ayude a superar las sumisiones y las obediencias formales: que nos haga comprender desde el interior lo que Dios nos pide, cuando nos pide algo...., que haga que experimentemos que Dios es un Padre que ha dado unas leyes para el bien de sus hijos, un Salvador, que desea "hacer el bien....salvar vidas", y que siempre extendamos nuestra mano si nos lo ordena.
Himno de la Liturgia de las Horas
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
como se pasa la vida,
como se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
como, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en el mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y, llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
más cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Este mundo bueno fue
si bien usásemos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquel
que atendemos.
Aún aquel Hijo de Dios,
para subirnos al cielo,
descendió
a nacer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.
SANTORAL: San Pedro Claver
Pedro Claver, llamado el apóstol de los negros, nació el 26 de junio de 1580, en Cataluña, en la ciudad de Verdú, célebre entonces por sus ferias de mulas. Estudió en la universidad de Barcelona y en Tarragona ingresó en la Compañía de Jesús. Después pasó a Palma de Mallorca. Tenía entonces veintiún años. Entabló fraternal amistad con el hermano portero de la casa, san Alonso Rodríguez, de quien aprendió la alta sabiduría de la vida interior. Le hablaba de América y de la multitud de personas que desconocían a Cristo por la falta de predicadores.
Partió de Sevilla el 15 de abril de 1610. En Santa Fe de Bogotá vivió dos años, realizando los estudios de teología en el colegio de San Bartolomé. Un año estuvo en Tunja a. En 1616 recibió la ordenación sacerdotal en Cartagena, puerto sobre el Atlántico e importante centro del tráfico negrero; y allí vivió cerca de cuarenta años ejerciendo su apostolado entre los hombres de color. El día de su ordenación él mismo se llamó "Pedro Claver, esclavo de los esclavos para siempre".
El cristianismo jamás dejó de combatir la esclavitud; pero apenas había conseguido poner fin a este bochornoso abuso en Europa, cuando con el descubrimiento de las Indias Occidentales se recayó de nuevo en él. Los reyes españoles prohibieron la trata de indios, por considerarlos súbditos de la corona, pero permitieron que verdaderos ejércitos de negros, tratados como mercancías, fuesen llevados a trabajar a aquellas tierras en las peores condiciones.
Millares de negros, cazados como animales en África, llegaban anualmente a América. A estos desdichados entregó Pedro Claver todo el amor de su corazón. Apenas entraba un navío con su cargamento humano, allí estaba él en el muelle de Cartagena, esperándolo. Ya antes había recorrido la ciudad pidiendo para sus pobres esclavos. Y así, provisto de dulces, bizcochos, ropas, tabaco, ganaba el corazón de aquellos infelices, los instruía por medio de intérpretes, les enseñaba el amor a Dios y los bautizaba. Los seguía luego al mercado, al sótano donde los almacenaban, a la casa de los nuevos dueños, y allí consolaba a los afligidos enfermos.
No menos heroica fue la labor que realizó con los enfermos de peste del hospital de San Sebastián y también del de San Lázaro, donde se hallaban los leprosos. A todos ellos consoló, lavó sus llagas y abrazó, pidiéndoles que viesen en él un hermano en Cristo.
En 1650 la peste se abatió sobre Cartagena. Pedro Claver se prodiga sin descanso de día y de noche. Contagiado él mismo del mal, estuvo al borde de la muerte. Consiguió al fin vencer la enfermedad, pero quedó desfigurado e inútil. No podía andar, ni estar en pie, ni utilizar las manos, debido a una fuerte convulsión nerviosa. Hacía entonces que lo trasladasen en brazos a la iglesia, o bien a la playa, y atado a veces sobre un caballo visitaba a sus hermanos negros. Murió el 8 de setiembre de 1654.
Otras celebraciones de hoy: Nuestra Señora de Aránzazu, Nuestra Señora de Gracia, Santa María de la Cabeza. Santos: Odger, diácono; Ciarán, abad; Gorgonio, Severiano, Felicia, Doroteo, Jacinto, Alejandro, Tiburcio, Estratón, Rufino, Rufiniano, mártires; Audomaro, obispo; Querano, abad.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: Hablar con Dios del P. Fernández-Carvajal, Cinco Minutos con Dios del P. A. Milagros, Meditaciones del Pueblo de Dios del P. E. López Rosas, Buenas Noticias para cada día del P. J.M.Garuza, Encuentros Bíblicos del P. M. Wiechs, Por los Caminos del Señor del Card. C. Martini, Palabra de Dios para cada día del P. N Quesson, Pensar por Libres del P. E. Monasterio, etc.. y los comentarios de la Biblia Latinoamericana y de EUNSA. También se han incluido Himnos y Salmos de la Liturgia de las Horas y se han utilizado las biografías de Amigos de Dios y de los Hombres, de Esther Pizzariello de Leoz, y 365 Historias de Clovis Bovo, para la preparación del Santoral.
Los realizadores de esta recopilación de textos no pretenden en ningún caso atribuirse la autoría de los mismos, ni persiguen ningún fin de lucro ni otro, que no sea la propagación de la Palabra de Dios y la doctrina católica. Unos momentos con Jesús y María.