Lecturas del 23-8-02 (Viernes de la Semana 20)

SANTORAL: San Felipe Benicio

 

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 1-14

La mano del Señor se posó sobre mí, y el Señor me sacó afuera por medio de su espíritu y me puso en el valle, que estaba lleno de huesos. Luego me hizo pasar a través de ellos en todas las direcciones, y vi que los huesos tendidos en el valle eran muy numerosos y estaban resecos.
El Señor me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?»
Yo respondí: «Tú lo sabes, Señor .»
El me dijo: «Profetiza sobre estos huesos, diciéndoles: Huesos secos, escuchen la palabra del Señor . Así habla el Señor a estos huesos: Yo voy a hacer que un espíritu penetre en ustedes, y vivirán. Pondré nervios en ustedes, haré crecer carne sobre ustedes, los recubriré de piel, les infundiré un espíritu, y vivirán. Así sabrán que yo soy el Señor .»
Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras profetizaba, se produjo un estruendo: hubo un temblor, y los huesos se juntaron unos con otros. Al mirar, vi que los huesos se cubrían de nervios, que brotaba la carne y se recubrían de piel, pero no había espíritu en ellos. Entonces el Señor me dijo: «Convoca proféticamente al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Tú dirás al espíritu: Así habla el Señor : Ven, espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que revivan.»
Yo profeticé como él me lo había ordenado, y el espíritu penetró en ellos. Así revivieron y se incorporaron sobre sus pies. Era un ejército inmenso.
Luego el Señor me dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos dicen: «Se han secado nuestros huesos y se ha desvanecido nuestra esperanza. ¡Estamos perdidos!» Por eso, profetiza diciéndoles: Así habla el Señor : Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor . Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor- .

Palabra de Dios.


SALMO Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 1)

R. Den gracias al Señor, porque es eterno su amor.

Que lo digan los redimidos por el Señor,
los que él rescató del poder del enemigo
y congregó de todas las regiones:
del norte y del sur, del oriente y el occidente. R.

Los que iban errantes por el desierto solitario,
sin hallar el camino hacia un lugar habitable.
Estaban hambrientos, tenían sed
y ya les faltaba el aliento. R.

Pero en la angustia invocaron al Señor,
y él los libró de sus tribulaciones:
los llevó por el camino recto,
y así llegaron a un lugar habitable. R.

Den gracias al Señor por su misericordia
y por sus maravillas en favor de los hombres,
porque él sació a los que sufrían sed
y colmó de bienes a los hambrientos. R.

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»
Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.»

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Ante la pregunta que le hacen los fariseos, Jesús nos revela que toda la Ley de Dios se condensa en dos mandamientos: el primero y más importante consiste en el amor incondicional a Dios. Jesús dice que lo debemos amar con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente.

San Agustín comenta este pasaje diciendo que el corazón es el centro de la vida y palpita. El alma es el primer principio de la vida y mueve a todos los miembros. Y la mente es la facultad que pensando mide la esencia y la propiedad de las cosas. Y Dios nos ha dado el corazón, el alma y la mente para que podamos dirigirlos hacia El y podamos amarlo siempre.

Dios hizo al hombre para amarle. Toda la razón de ser de nuestra vida se contiene en esa vocación de amar. Pero ese amar no consiste en pasarse todo el día mirando el Cielo y diciendo una y otra vez "Dios mío, te quiero". Es cierto que se deben hacer actos explícitos de amor a Dios, pero principalmente lo que Dios espera de nosotros es que le mostremos su amor hacia El cumpliendo con lo que nos manda.

Pero a continuación del primer mandamiento, el Señor agrega, en seguida otro: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Jesús nos enseña que la medida práctica del amor al prójimo debe ser la del amor a uno mismo. Debemos desear para nuestro prójimo, lo mismo que queremos para nosotros: el bien.

La novedad de la respuesta de Jesús sobre el amor del prójimo es que coloca el amor al prójimo inmediatamente después del amor de Dios.

San Juan, en su primera carta dice que si alguien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo, es un mentiroso.

El amor al prójimo se manifiesta, a un primer nivel, en la preocupación que tenemos por el bienestar temporal. Esta es la razón por la que decimos que tenemos amor o caridad cuando tratamos de mejorar la situación de alguien que necesita ayuda.

A un nivel más alto, el amor al prójimo se pone en práctica buscando el bienestar espiritual de los demás.

La importancia de los mandamientos y de las virtudes depende de la relación que guarden con la caridad. No puede haber un criterio más simple y más exacto para juzgar nuestra virtud y nuestra santidad. No puede ser más sencillo el camino que debemos de seguir para alcanzar la perfección. No hay más que un mandamiento: amar, y siempre amar; amar y amar a todos; amar a todos y amarlos por amor de Dios. de la perfección con que se cumpla este mandamiento dependerá la perfección de nuestra vida cristiana.

Vamos a pedir hoy a María, que interceda por nosotros para que seamos cada día más fieles en el cumplimiento de la ley del amor que nos dejó su Hijo Jesús.

Himno de la Liturgia de las Horas

Otra vez -te conozco- me has llamado.

Y no es la hora, no; pero me avisas.

De nuevo traen tus celestiales brisas

claros mensajes al acantilado

del corazón, que, sordo a tu cuidado,

fortalezas de tierra eleva, en prisas

de la sangre se mueve, en indecisas

torres, arenas, se recrea, alzado.

Y tú llamas y llamas, y me hieres,

y te pregunto aún, Señor, qué quieres,

qué alto vienes a dar a mi jornada.

Perdóname, si no te tengo dentro,

si no sé amar nuestro mortal encuentro,

si no estoy preparado a tu llegada.

 

SANTORAL: San Felipe Benicio

De padres nobles, Felipe Benicio nació en la ciudad de Florencia, el 15 de agosto de 1233, día de la asunción de la Virgen y también de la fundación de la orden de los siervos de la santísima Virgen.

Cursó estudios en la universidad de París y más tarde en la de Padua obtuvo el título de médico, a los veinte años de edad. De regreso a su casa, en setiembre de 1253, frecuentaba las iglesias de su ciudad natal, especialmente La Anunciata, de los padres servitas (siervos de María), así llamados por la gran devoción que tenían a nuestra Señora, que allí era particularmente reverenciada.

Una epístola de la semana de pascua refiere que uno de los discípulos y diácono de la primitiva comunidad de Jerusalén, llamado FeIipe, recibió de Dios el encargo de acercarse al carruaje del mayordomo de la reina de Etiopia e intentar convertirla a la fe católica. Dijo el Espíritu Santo: "Acércate y sube a este carro".

Pues bien, estando Felipe Benicio, el l6 de abriÍ de 1254, jueves de pascua, oyendo la misa conventual en la cercana ciudad de Fiésole, al proclamarse aquellas palabras: "Felipe, acércate y sube a este carro", tomadas de los Hechos de los apóstoles, interpretó que iban dirigidas a él. Y después en su casa, orando, tuvo una visión en medio de un éxtasis: vio venir a su encuentro a la Virgen, Madre de Dios, quien mostrándole el hábito negro de los servitas, le sonrió diciéndole: "Felipe, acércate y sube a este carro". Comprendió entonces que la reina del cielo lo invitaba a ponerse bajo su protección.

Al día siguiente recibía el hábito de los hermanos servitas de manos del prior del convento de Cafaggio, Honfiglio Bonaldi, uno de los siete fundadores de la orden.

Ocultando su condición de noble y su profesión, pidió ser admitido como simple lego. Cinco años vivió en la humildad y el silencio, al cabo de los cuales, conocida su santidad y sabiduría, fue ordenado sacerdote a pesar de su resistencia y sus lágrimas. En 1262 era maestro de novicios y en 1267, general de la orden.

Con su prédica logró san Felipe Benicio la conversión de numerosos herejes y pecadores. Los milagros que obró Dios por su intermedio extendieron su fama de santidad, lo cual motivó que, a la muerte de Clemente IV, los cardenales reunidos en Viterbo quisieran hacerlo papa. Pero él, al saberlo, huyó a esconderse en lo más áspero de las montañas, hasta que fue elegido Gregorio X

A su fama de predicador santo se añadió la de gran pacificador. Gracias a sus oficios se estableció la paz entre güelfos y gibelinos, y se logró que terminaran las guerras que asolaban a Alemania.

En los años 1270 y 1271 visitó los monasterios de Francia y Alemania. Por su extraordinaria labor apostólica, la orden se propagó en numerosos países. Esta es la razón por la que se lo considera uno de sus fundadores.

En 1276, regresó a Italia, para terminar con los disturbios de Bolonia, Florencia y Pistoya. Visitó Siena y Perusa y, más tarde, fue a Todi, donde moriría poco después.

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Quiriaco, Máximo, Arquelao, Restituto, Donato, Valeriano, Fructuosa, Claudio, Neón, Apolinar, Asterio, Minervo, Eleazar, Lupo, mártires; Eugenio, Flaviano, Víctor, Zaqueo, obispos.

 

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: Hablar con Dios del P. Fernández-Carvajal, Cinco Minutos con Dios del P. A. Milagros, Meditaciones del Pueblo de Dios del P. E. López Rosas, Buenas Noticias para cada día del P. J.M.Garuza, Encuentros Bíblicos del P. M. Wiechs, Por los Caminos del Señor del Card. C. Martini, Palabra de Dios para cada día del P. N Quesson, Pensar por Libres del P. E. Monasterio, etc.. y los comentarios de la Biblia Latinoamericana y de EUNSA. También se han incluido Himnos y Salmos de la Liturgia de las Horas y se han utilizado las biografías de Amigos de Dios y de los Hombres, de Esther Pizzariello de Leoz, y 365 Historias de Clovis Bovo, para la preparación del Santoral.

Los realizadores de esta recopilación de textos no pretenden en ningún caso atribuirse la autoría de los mismos, ni persiguen ningún fin de lucro ni otro, que no sea la propagación de la Palabra de Dios y la doctrina católica. Unos momentos con Jesús y María.