Lecturas del 18-8-02 (Domingo de la Semana 20)
SANTORAL: Santa Elena
Lectura del libro del profeta Isaías 56, 1. 6-7
Así habla el Señor: Observen el
derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya
está por revelarse mi justicia.
Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo,
para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que
observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, yo los
conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración;
sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi Casa
será llamada Casa de oración para todos los pueblos.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 4)
R. ¡Que los pueblos te den gracias,
Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones. R.
Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra. R.
¡Que los pueblos te den gracias,
Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 13-15. 29-32
Hermanos:
A ustedes, que son de origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol
de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos
de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos. Porque si la exclusión
de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será
un retorno a la vida? Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.
En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la
desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia.
De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se
niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen
misericordia. Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener
misericordia de todos.
Palabra de Dios.
+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28
Jesús partió de allí y se retiró al
país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región,
comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está
terriblemente atormentada por un demonio.» Pero él no le respondió nada.
Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos
persigue con sus gritos.»
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo
de Israel.»
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los
cachorros.»
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen
de la mesa de sus dueños!»
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!»
Y en ese momento su hija quedó curada.
Palabra del Señor.
Reflexión
Narra San Mateo en el Evangelio de la
Misa que Jesús se retiró con sus discípulos a tierras de gentiles, en la región
de Tiro y de Sidón. Allí se le acercó una mujer que, a grandes gritos,
imploraba: "¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija es cruelmente
atormentada por el demonio." Jesús la oyó y no contestó nada. Comenta San
Agustín que no le hacía caso precisamente porque sabía lo que ele tenía
reservado: no callaba para negarle el beneficio, sino para que lo mereciera ella
con su perseverancia humilde.
La mujer debió de insistir largo rato, de tal manera que los discípulos,
cansados de tanto empeño, dijeron al Maestro: Atiéndela y que se vaya, pues
viene gritando detrás de nosotros. El Señor le explicó entonces que Él había
venido a predicar en primer lugar a los judíos. Pero la mujer, a pesar de esta
negativa, se acercó y se postró ante Jesús, diciendo: "¡Señor, ayúdame!"
Ante la perseverante insistencia de la mujer cananea, el Señor le repitió las
mismas razones con una imagen que ella comprendió enseguida: "No está bien tomar
el pan de los hijos y echárselo a los perrillos." Le dice de nuevo que ha sido
enviado primero a los hijos de Israel y que no debe preferir a los paganos. El
gesto amable y acogedor de Jesús, el tono de sus palabras, quitarían
completamente cualquier tono hiriente a la expresión. Las palabras de Jesús
llenaron aún más de confianza a la mujer, quien, con gran humildad, dijo "Es
verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las
mesas de sus amos." Reconoció la verdad de su situación, "Confesó que eran
señores suyos aquellos a quienes Él había llamado hijos." El mismo San Agustín
señala que aquella mujer "fue transformada por la humildad y mereció sentarse a
la mesa con los hijos. Conquistó el corazón de Dios, recibió el don que
pretendía y una gran alabanza de del Maestro: "¡Oh mujer, grande es tu fe!
Hágase como tú quieres. Y quedó sanada su hija en aquel instante." Seria
seguramente más tarde una de las primeras mujeres gentiles que abrazaron la fe,
y siempre conservaría en su corazón el agradecimiento y el amor al Señor.
Nosotros, que nos encontramos lejos de la fe y de la humildad de esta mujer, le
pedimos con fervor al maestro: "Buen Jesús: si he de ser apóstol, es preciso que
me hagas muy humilde.
El sol envuelve de luz cuanto toca: Señor, lléname de tu caridad, endiósame: que
yo me identifique con tu Voluntad adorable, para convertirme en el instrumento
que deseas... Dame tu locura de humillación: la que te llevó a nacer pobre, al
trabajo sin brillo, a la infamia de morir cosido con hierros a un leño, al
anonadamiento del Sagrario.
-Que me conozca: que me conozca que te conozca. Así jamás perderé de vista mi
nada". Solo así podré seguirte como Tú quieres y como yo quiero: con una fe
grande, con un amor hondo, sin condición alguna.
Se cuenta en la vida de San Antonio
Abad que Dios le hizo ver el mundo sembrado de los lazos que el demonio tenía
preparados para hacer caer a los hombres. El santo, después de esta visión,
quedó lleno de espanto, y preguntó: "Señor, ¿Quién podrá escapar de tantos
lazos?". Y oyó una voz que le contestaba: "Antonio, el que sea humilde; pues
Dios da a los humildes la gracia necesaria, mientras los soberbios van cayendo
en todas las trampas que el demonio les tiende; mas a las personas humildes el
demonio no se atreve a atacarlas."
Nosotros, sí queremos servir al Señor, hemos de desear y pedirle con insistencia
la virtud de la humildad. Nos ayudará a desearla de verdad el tener siempre
presente que el pecado capital opuesto, la soberbia, es lo más contrario a la
vocación que hemos recibido del Señor, lo que más daño hace a la vida familiar,
a la amistad, lo que más se opone a la verdadera felicidad... Es el principal
apoyo con que cuenta el demonio en nuestra alma para intentar destruir la obra
que el Espíritu Santo trata incesantemente de edificar.
Con todo, la virtud de la humildad no consiste sólo en rechazar los movimientos
de la soberbia, del egoísmo y del orgullo. De hecho, ni Jesús ni su Santísima
Madre experimentaron movimiento alguno de soberbia y, sin embargo, tuvieron la
virtud de la humildad en grado sumo. La palabra humildad tiene su origen en la
latina humus, tierra; humilde, en su etimología, significa inclinado hacia la
tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de
todo lo que hay de Dios en las criaturas. En la práctica, nos lleva a reconocer
nuestra inferioridad, nuestra pequeñez e indigencia ante Dios. Los santos
sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios y en reconocer que
sólo Él es grande, y que en comparación con la suya, todas las grandezas humanas
están vacías y no son sino mentira.
La humildad se fundamenta en la verdad, sobre todo en esta gran verdad: es
infinita la distancia entre la criatura y el Creador. Por eso, frecuentemente
hemos de detenernos para tratar de persuadirnos de que todo lo bueno que hay en
nosotros es de Dios, todo el bien que hacemos ha sido sugerido e impulsado por
Él, y nos ha dado la gracia para llevarlo a cabo. No decimos ni una sola
jaculatoria si no es por el impulso y la gracia del Espíritu Santo(8); lo
nuestro es la deficiencia, el pecado, los egoísmos. "Estas miserias son
inferiores a la misma nada, porque son un desorden y reducen a nuestra alma a un
estado de abyección verdaderamente deplorable". La gracia, por el contrario,
hace que los mismos ángeles se asombren al contemplar un alma resplandeciente
por este don divino.
La mujer cananea no se sintió humillada ante la comparación de Jesús,
señalándole la diferencia entre los judíos y los paganos; era humilde y sabía su
lugar frene al pueblo elegido; porque fue humilde, no tuvo inconveniente en
perseverar a pesar de haber sido aparentemente rechazada, en postrarse ante
Jesús... Por su humildad, su audacia y su perseverancia tuvo una gracia tan
grande. Nada tiene que ver la humildad con la timidez, la pusilanimidad o con
una vida mediocre y sin aspiraciones. La humildad descubre que todo lo bueno que
existe en nosotros, tanto en el orden de la naturaleza como en el orden de la
gracia, pertenece a dios, porque de su plenitud hemos recibido todos; y tanto
don nos mueve al agradecimiento.
"A la pregunta ‘¿cómo he de llegar a la humildad?’ corresponde la contestación
inmediata: "Por la gracia de Dios". Solamente la gracia de dios puede darnos la
visión clara de nuestra propia condición y la conciencia de su grandeza que
origina la humildad". Por eso hemos de desearla y pedirla incesantemente,
convencidos de que con esta virtud amaremos a dios y seremos capaces de grandes
empresas a pesar de nuestras flaquezas...
Junto a la petición, hemos de aceptar las humillaciones, normalmente pequeñas,
que surgen cada día por motivos tan diversos: en la realización del propio
trabajo, en la convivencia con los demás, al notar las flaquezas, al ver las
equivocaciones que cometemos, grandes y pequeñas. De Santo Tomás de Aquino se
cuenta que un día fue corregido por una supuesta falta de gramática mientras
leía; la corrigió según lo indicaban. Luego, sus compañeros le preguntaron por
qué la había corregido si él mismo sabía que era correcto el texto tal como lo
había leído. Y el Santo contestó: "Vale más delante de Dios una falta de
gramática, que otra de obediencia y de humildad". Andamos el camino de la
humildad cuando aceptamos las humillaciones, pequeñas y grandes, y cuando
aceptamos los propios defectos procurando luchar con ellos.
Quien es humilde no necesita demasiadas alabanzas y elogios en su tarea, porque
su esperanza está puesta en el Señor; y Él es, de modo real y verdadero, la
fuente d e todos sus bienes y su felicidad: es Él quien da sentido a todo lo que
hace. "Una de las razones por las que los hombres son tan propensos a alabarse,
a sobreestimar su propio valor y sus propios poderes, a resentirse de cualquier
cosa que tienda a rebajarlos en su propia estima o en la de otros, es porque no
ven más esperanza para su felicidad que ellos mismo. Por esto son a menudo tan
susceptibles, tan resentidos cuando son criticados, tan molestos para quien les
contradice, tan insistentes en salirse con la suya, tan ávidos de ser conocidos,
tan ansiosos de alabanza, tan determinados a gobernar su medio ambiente. Se
afianzan en sí mismos como el náufrago e sujeta a una paja. Y la vida prosigue,
y cada vez están más lejos de la felicidad...".
Quien lucha por ser humilde no busca ni elogios ni alabanzas; y si llegan
procura enderezarlos a la gloria de Dios, Autor de todo bien. La humildad se
manifiesta no tanto en el desprecio como en el olvido de sí mismo, reconociendo
con alegría que no tenemos nada que no hayamos recibido, y nos lleva a
sentiremos hijos pequeños de Dios que encuentran toda la firmeza en la mano
fuerte de su Padre.
Aprendemos a ser humildes meditando la Pasión de Nuestro Señor, considerando su
grandeza ante tanta humillación, el dejarse hacer "como cordero llevado al
matadero", según había sido profetizado, su humildad en la Sagrada Eucaristía,
donde espera que vayamos a verle y hablarle, dispuesto a ser recibido por quien
se acerque al Banquete que cada día preparar para nosotros, su paciencia ante
tantas ofensas... Aprenderemos a caminar por este sendero si nos fijamos en
María, la Esclava del Señor, la que no tuvo otro deseo que el de hacer la
voluntad de dios. también acudimos a San José, que empleó su vida en servir a
Jesús y a María, llevando a cabo la tarea que Dios le había encomendado.
Himno de la Liturgia de las Horas
Cantan tu gloria, Cristo Sacerdote,
los cielos y la tierra:
a ti que por amor te hiciste hombre
y al Padre como víctima te ofrendas.
Tu sacrificio nos abrió las puertas,
de par en par, del cielo;
ante el trono de Dios, es elocuente
tu holocausto en la cruz y tu silencio.
Todos los sacrificios del los hombres
quedaron abolidos:
todos eran figuras que anunciaban
al Sacerdote eterno, Jesucristo.
No te basta el morir, que quieres darnos
alimento de vida:
quedarte con nosotros y ofrecerte
sobre el altar: hacerte eucaristía.
Clavado en cruz nos miras, te miramos,
crece el amor, la entrega.
Al Padre, en el Espíritu, contigo,
eleva nuestro canto y nuestra ofrenda. Amén.
SANTORAL: Santa Elena
Debió de nacer en Drepanum, junto al Bósforo en 250; parece que su familia era muy humilde. Probablemente Elena estuvo viviendo como criada en una hospedería. Pero era hermosa, y aquella deslumbrante belleza hizo mella en los ojos de un famoso oficial romano, Constancio Cloro. Se casaron, vivieron en diversas guarniciones del Imperio y, en un lugar de la actual Servia les nació un niño que llegó a ser emperador Romano, Constantino.
Elena vivió en la más completa oscuridad hasta que su hijo empezó a reinar el año 306. Entonces Constantino llevó a su madre a Roma y le colmó de atenciones, haciendo, por ejemplo, que se acuñaran monedas del Imperio con su imagen. No sabemos en que año se convirtió, pero sí sabemos que para esta época ya era cristiana, pues levantaba templos y era ejemplar por su caridad.
El emperador no era cristiano, pero acabó con las persecuciones de los creyentes y les otorgó la libertad como a cualquier ciudadano romano. Fue entonces cuando Elena tuvo la idea de buscar la Santa Cruz de Cristo. Organizó una expedición a Tierra Santa, montó unas excavaciones y dio con el madero santo que había sido instrumento sagrado del suplicio de Jesús. Además levantó una basílica en el monte de los Olivos y otra en Belén.
Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Agapito, Serapión, Hermas, Polieno, Filancia, Taciana, Eliana, Marciana, Floro, Lauro. Máximo, Marón, Franco, Crispo, León, Juliana, mártires; Alipio, Inán, Elena, confesores; Eonio, Fermín, Rústico, obispos; Jorge, patriarca; Ezequiel Moreno, agustino recoleto.
Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: Hablar con Dios del P. Fernández-Carvajal, Cinco Minutos con Dios del P. A. Milagros, Meditaciones del Pueblo de Dios del P. E. López Rosas, Buenas Noticias para cada día del P. J.M.Garuza, Encuentros Bíblicos del P. M. Wiechs, Por los Caminos del Señor del Card. C. Martini, Palabra de Dios para cada día del P. N Quesson, Pensar por Libres del P. E. Monasterio, etc.. y los comentarios de la Biblia Latinoamericana y de EUNSA. También se han incluido Himnos y Salmos de la Liturgia de las Horas y se han utilizado las biografías de Amigos de Dios y de los Hombres, de Esther Pizzariello de Leoz, y 365 Historias de Clovis Bovo, para la preparación del Santoral.
Los realizadores de esta recopilación de textos no pretenden en ningún caso atribuirse la autoría de los mismos, ni persiguen ningún fin de lucro ni otro, que no sea la propagación de la Palabra de Dios y la doctrina católica. Unos momentos con Jesús y María.