Lecturas del 12-9-02 (Jueves de la Semana 23)

SANTORAL: San Guido

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 8, 1b-7. 11-13

Hermanos:
El conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica. Si alguien se imagina que conoce algo, no ha llegado todavía a conocer como es debido; en cambio, el que ama a Dios es reconocido por Dios.
En cuanto a comer la carne sacrificada a los ídolos, sabemos bien que los ídolos no son nada y que no hay más que un solo Dios. Es verdad que algunos son considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad de dioses y una cantidad de señores. Pero para nosotros, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por quien nosotros existimos.
Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada. Y así, tú, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo! Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo.
Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.

Palabra de Dios.


SALMO Sal 138, 1-3. 13-14b. 23-24 (R.: 24b)

R. Señor, llévame por el camino eterno.

Señor, tú me sondeas y me conoces
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares. R.

Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras! R.

Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior;
examíname y conoce lo que pienso;
observa si estoy en un camino falso
y llévame por el camino eterno. R.

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 27-38

Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

Palabra del Señor.

 

Reflexión

¡Cuán difícil nos resulta vivir el Evangelio!

Jesús no se contenta con inculcar el amor al prójimo, como lo hacía el judaísmo; entendiendo por prójimo a otro judío ¨piadoso y honrado¨.

¡No!, el Señor nos inculca el amor al prójimo, pero a ese prójimo pecador, a ese prójimo que me odia, que me injuria, que me desprecia, que me roba.

Y nos pide, no sólo que los perdonemos, sino que además oremos por ellos, que los amemos.

Sólo así podremos ser verdaderos hijos de Dios.

Ese amor que nos pide Jesús nace del amor que Dios nos tiene a nosotros.

Si somos conscientes de que Dios nos ama y nos perdona, ahora y siempre, entonces nosotros tenemos que amar a los demás -incluso a nuestros enemigos-, ahora y siempre.

En este difícil camino que el Señor nos pide hoy, viene bien recordar una anécdota en la vida de San Francisco de Sales.

Se cuenta que cuando él era obispo de Ginebra, los calvinistas intentaron varias veces matarlo.

Francisco, por toda venganza -como indica Jesús en el Evangelio-, oró por sus enemigos. Y no tuvo más que palabras de bondad y perdón.

Al ver la nobleza de su proceder, más de sesenta mil personas se convirtieron al catolicismo.

Su heroísmo llegó al punto que al cruzarse en la calle con un abogado le dijo el obispo: Señor, sé que intenta perder mi reputación. No se excuse, porque tengo pruebas de eso, pero quiero que sepa que si me abofetea una mejilla, gustoso le pondré la otra, y aunque me arrancara un ojo, lo miraría con el otro con bondad y afecto entrañables.

Ese mismo hombre, atentó contra el Vicario de Francisco de Sales y le echó la culpa a nuestro santo.

Pero le salió el tiro por la culata y lo descubrieron y lo condenaron a muerte...

Pero..., el salvador llegó a tiempo.

San Francisco de Sales luchó incansablemente y ¡consiguió el indulto para su enemigo!

Vamos a pedirle hoy al Señor, poder hacer vida el Evangelio. Vemos que a pesar de que parece muy exigente, es posible vivirlo, como lo hizo San Francisco de Sales.

Himno de la Liturgia de las Horas  

De un Dios que se encarnó muestra el misterio

la luz de Navidad.

Comienza hoy Jesús, tu nuevo imperio

de amor y de verdad.

El Padre eterno te engendró en su mente

desde la eternidad,

y antes que el mundo, ya eternamente,

fue tu natividad.

La plenitud del tiempo está cumplida;

rocío bienhechor

baja del cielo, trae nueva vida

al mundo pecador.

¡Oh santa noche! Hoy Cristo nacía

en mísero portal;

Hijo de Dios, recibe de María

la carne del mortal.

Señor Jesús, el hombre en este suelo

cantar quiere tu amor,

y, junto con los ángeles del cielo,

te ofrece su loor.

Este Jesús en brazos de María

es nuestra redención;

cielos y tierra con su abrazo unía

de paz y de perdón.

Tú eres el Rey de Paz, de ti recibe

su luz el porvenir;

Angel del gran Consejo, por ti vive

cuando llega a existir.

A ti, Señor, y al Padre la alabanza,

y de ambos al Amor.

Contigo al mundo llega la esperanza;

a ti gloria y honor. Amén.

SANTORAL: San Guido

Se lo conoce también con los nombres de Guidón y, más familiarmente, Guy, que etimológicamente significan "bosque". Nació a fines del siglo XI en un pequeño poblado de la región de Brabante, hoy perteneciente a Bélgica, que se halla a unos dos kilómetros de Bruselas.

Sus padres, muy pobres y sumamente piadosos, educaron al niño en el amor a Dios. Desde temprana edad frecuentaba la iglesia del lugar y en él se fue despertando una tierna devoción hacia la Virgen María. Un día llegó al pueblo de Lacken y entró en el templo que allí había, dedicado a nuestra Señora.

Su profunda fe, su necesidad de hablar con Jesús, arrodillado durante horas frente al altar, llamó la atención del párroco, quien le propuso que se quedara como sacristán.

Guido tenia entonces doce o trece años y nada podía agradarle más. El sueldo era escaso, pero no le preocupaba; estaba acostumbrado a la austeridad, y con sus ayunos y penitencias pudo ahorrar con qué socorrer a los más pobres.

Apenas salía del templo, que relucía con su amoroso cuidado, hasta que un mercader de Bruselas lo tentó para que se asociara a su actividad mercantil, argumentando que de esta manera podría ayudar más generosamente a los necesitados y sostener mayor número de altares.

Pareciéndole buenas aquellas razones, Guido se despidió del sacerdote, a quien ya lo unía una fuerte amistad, y marchó a Bruselas. Recorrió la región, cargado de mercancías, y los negocios le fueron, al parecer, favorables; hasta que un día, navegando por el río Senne, el cargado barco encalló en un banco de arena, y él y sus compañeros corrieron peligro de muerte.

Este accidente esclareció su conciencia, haciéndole sospechar que había caído en el pecado de ambición. Lo interpretó corno un aviso que le hacia la Virgen por haber abandonado Lacken y ya no pensó más que en volver a desempeñarse en su anterior cargo.

Posteriormente decidió visitar los santuarios de Roma y los santos lugares, a pie y pidiendo limosna, sin ahorrarse fatigas y penalidades, en lo que transcurrieron siete años. Al regresar a Roma, se encontró con algunos habitantes de Brabante, que lo conocían, entre ellos el deán de la iglesia de Anderlecht, llamado Wonedulfo, que iba en peregrinación a Tierra Santa, quien lo persuadió de que los guiara a Jerusalén.

Así fue como, por caridad, Guido visitó por segunda vez el Santo Sepulcro. Estando en esta comarca, sus acompañantes se vieron aquejados por una enfermedad, de la cual murieron, no sin antes pedir a nuestro santo - quien los asistió caritativamente - que volviera a Anderlecht. Así lo hizo, falleciendo santamente el 12 de setiembre de lll2.

Otras celebraciones de hoy: Nuestra Señora Santa María de Lluc, reina de Mallorca y Nuestra Señora de la Fuensanta. Santos: Autónomo, Hierónides, Leoncio, Serapión, Selenio, Valeriano, Estratón, Macedonio, Teódulo, Taciano, mártires; Curonato, Sacerdote, Silvino, obispos; Vifredo, abad.

 

Aclaración: Se han utilizado para la preparación de las reflexiones que acompañan las lecturas, textos de distintos autores: Hablar con Dios del P. Fernández-Carvajal, Cinco Minutos con Dios del P. A. Milagros, Meditaciones del Pueblo de Dios del P. E. López Rosas, Buenas Noticias para cada día del P. J.M.Garuza, Encuentros Bíblicos del P. M. Wiechs, Por los Caminos del Señor del Card. C. Martini, Palabra de Dios para cada día del P. N Quesson, Pensar por Libres del P. E. Monasterio, etc.. y los comentarios de la Biblia Latinoamericana y de EUNSA. También se han incluido Himnos y Salmos de la Liturgia de las Horas y se han utilizado las biografías de Amigos de Dios y de los Hombres, de Esther Pizzariello de Leoz, y 365 Historias de Clovis Bovo, para la preparación del Santoral.

Los realizadores de esta recopilación de textos no pretenden en ningún caso atribuirse la autoría de los mismos, ni persiguen ningún fin de lucro ni otro, que no sea la propagación de la Palabra de Dios y la doctrina católica. Unos momentos con Jesús y María.