DÍA DEL APOSTOLADO DEL MAR
Domingo, 16 de junio de 2002
Estamos acostumbrados a mirar el río Guadalquivir desde las orillas de Sevilla. Se contempla el río grande cargado de tanta historia como belleza.
Menos son las oportunidades que solemos tener para ir paseando por Sevilla, pero desde el río. Ver las gentes que caminan por la ciudad, los problemas que les preocupan, las esperanzas que tienen, la fe en la que viven.
¡Serían tan distintas las perspectivas mirando desde la orilla y navegando por el río!
Todo esto, que puede ser con una parábola, nos habla de la necesidad de saber acercarnos a las distintas situaciones en las que pueden encontrarse las personas y cómo viven su fe en ellas.
Los últimos años venimos reuniéndonos el mismo río Guadalquivir para celebrar juntos el "día del apostolado del mar". Lo hacemos en este río nuestro, que es, a la vez, puerta y llegada del gran océano. Y, en esta celebración, pensamos en tantos hombres y mujeres como trabajan y hasta viven en el mar.
¡Mares y ríos, bendecid al Señor! Así cantamos con nuestros salmos. Desde esos mares y ríos es el hombre quien se acerca a Dios. La inmensidad y la belleza hablan del Creador y también del duro trabajo de cada día.
Pero, a través del trabajo el hombre participa en la obra de Dios mismo. Así nos lo enseño, con obras y con palabras, el mismo Jesucristo. Y, como nos dice Juan Pablo II, "el sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra de Cristo ha venido á realizar. Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte de cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día en la actividad que ha sido llamado a realizar" (LE 27).
Nuestra Delegación diocesana para el apostolado del mar organiza todos los años esta particular jornada que nos abre el horizonte hacia una evangelización sin fronteras. El mar une a todos los pueblos entre sí y a todos los hombres y mujeres del mundo con Dios.
+ Carlos, Arzobispo de Sevilla