Saludo de apertura de Juan Pablo II en la fiesta de
acogida de los jóvenes
Cristo «os ama a cada uno de
vosotros personalmente», afirma
TORONTO, 26 julio 2002 (ZENIT.org).-
Publicamos el saludo de apertura que pronunció Juan Pablo II en la fiesta de
acogida que le brindaron en la tarde de este jueves 400.000 jovenes
participantes en las Jornadas Mundiales de la Juventud.
* * *
¡Queridos jóvenes amigos!
1. Habéis venido a Toronto desde todos los continentes para celebrar la Jornada
Mundial de la Juventud. Os dirijo mi más cordial saludo. He estado esperando
impacientemente este encuentro, especialmente cuando día tras día recibía en el
Vaticano de todas las partes del mundo las buenas noticias sobre las numerosas
iniciativas que han marcado vuestro viaje hasta aquí. Y a menudo, aun sin
haberos conocido, os encomendé a cada uno de vosotros en mis oraciones al Señor.
Él siempre os ha conocido y Él os ama a cada uno de vosotros personalmente.
Con fraternal afecto saludo a los cardenales y obispos que están aquí con
vosotros, en particular a monseñor Jacques Berthelet, presidente de la
Conferencia de Obispos Católicos de Canadá, al cardenal Aloysius Ambrozic,
arzobispo de esta ciudad, y al Cardenal James Francis Stafford, presidente del
Consejo Pontificio para los Laicos.
A todos vosotros os digo: que los contactos con vuestros Pastores os ayuden a
descubrir y apreciar cada vez más la belleza de la Iglesia, experimentada como
comunión misionera.
2. Al escuchar la larga lista de países de los que procedéis, hemos hecho
prácticamente un viaje alrededor del mundo. En cada uno de vosotros he
vislumbrado los rostros de todos vuestros jóvenes compañeros que he conocido en
el curso de mis viajes apostólicos y a los cuales en una manera vosotros
representáis aquí. En mi imaginación os he visto de viaje, caminando en la
sombra de la Cruz del Jubileo, en esta gran peregrinación de jóvenes que,
trasladándose de continente a continente, está ansiosa por reunir al mundo
entero en un apretado abrazo de fe y esperanza.
Hoy esta peregrinación hace una escala aquí, en las orillas del Lago Ontario,
que nos recuerda otro lago, el Lago de Tiberíades, en cuyas orillas Jesús hizo
una fascinante propuesta a sus primeros discípulos, algunos de los cuales
probablemente eran jóvenes como vosotros (Cf. Juan 1, 35-42).
El Papa, que os quiere mucho, ha venido desde lejos para escuchar nuevamente con
vosotros las palabras de Jesús, que como sucedió con sus discípulos en aquel
día, hace mucho tiempo, pueden encender una llama en el corazón de un joven y
dar sentido a toda su vida.
Por tanto, os invito a que aprovechéis cada uno de los momentos de esta Jornada
Mundial de la Juventud, que está apenas empezando, una ocasión privilegiada en
la que cada uno de vosotros escuche atentamente al Señor, con un corazón
generoso y dispuesto, para llegar a ser «sal de la tierra y luz del mundo» (Cf.
Mateo 5, 13-16).
[Traducción del original francés e inglés realizada por Zenit]
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