El
desafío del Papa al hombre contemporáneo: La misericordia
Entrevista con monseñor
Bruno Forte de la Comisión Teológica Internacional
ROMA, 22 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan
Pablo II ha relanzado en su viaje a Polonia el mensaje de la «misericordia»,
capaz de «regenerar al mundo, llevando a amar a los hermanos e incluso a los
enemigos».
El pontífice recoge así el legado dejado por una joven mística de inicios del
siglo pasado, sor Faustina Kowalska, primera santa del año 2000, quien dejó en
su «Diario» revelaciones que no sólo fascinan a los fieles, sino que también son
motivo de reflexión para muchos teólogos.
Monseñor Bruno Forte, presidente presidente de la Facultad de Teología de Italia
Meridional y miembro de la Comisión Teológica Internacional, en esta entrevista
concedida a «Radio Vaticano» penetra en las raíces del mensaje.
--¿Qué quiere decir «misericordia»?
--Monseñor Forte: Hay dos dimensiones fundamentales en el concepto de
«misericordia». El primero es el que se expresa en la palabra griega «eleos», es
decir la «misericordia» como actitud de compasión hacia la miseria del prójimo,
un corazón atento a las necesidades de los demás.
Pero, junto a ésta surge otra acepción, ligada a la palabra judía «rahamim», que
tiene su raíz en el «regazo materno», es decir, indica el amor materno de Dios.
¿Qué es esta misericordia? San Bernardo la explicaba diciendo que Dios no nos
ama porque somos buenos o bellos, sino que lo que nos hace buenos y bellos es su
amor, el amor materno de Dios.
En las dos acepciones surge una idea fundamental que llena de esperanza el
corazón humano, es decir, Dios está dispuesto a acogerte y a comenzar de nuevo
contigo, independientemente de tu historia, de tu pasado, de tu experiencia de
alejamiento e infidelidad.
El final del siglo ha estado caracterizado por grandes tragedias, así como por
la gran tragedia del mal. Yo creo que el Papa, al inicio del nuevo milenio, ha
querido relanzar este evangelio de la «misericordia», es decir, el evangelio de
un Dios que está dispuesto a recuperar al hombre independientemente de la
situación en que se encuentre. Un Dios que está dispuesto a volver a comenzar
con nosotros.
--¿Cómo es posible creer en esta «misericordia» ante el mal que vemos en el
mundo?
--Monseñor Forte: La fe siempre es un desafío. Es un desafío para el hombre de
toda época. Para el hombre de hoy es un desafío creer en esta locura del amor,
la locura del amor de Dios, su «misericordia». Pero creo que el Papa no tiene
miedo de lanzar este desafío al hombre, porque sabe que es el único desafío que
vale la pena ser lanzado y acogido.
--¿Qué debe hacer el hombre para entrar en este misterio de la «misericordia»
de Dios?
--Monseñor Forte: Rendirse. La humildad es el camino para hacer la experiencia
de la «misericordia». La entrega de sí, la confianza, es quizá lo que más le
cuesta a nuestro orgullo, al orgullo de la razón adulta de la modernidad. Pero
precisamente por este motivo la humildad es la única puerta que nos introduce en
el misterio de la «misericordia» de Dios. Con Dios se vence si se pierde.
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