Manifiesto final del Congreso Nacional: La familia esperanza de la sociedad

Las familias participantes en el Congreso queremos expresar: gratitud al Padre eterno, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra ,por el pontificado de Juan Pablo II, el Papa de la familia. Gratitud a los obispos españoles, que nos han regalado este año la estupenda instrucción pastoral La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad .A todos los que contribuyen calladamente a que la familia continúe siendo generadora de la civilización de la justicia, la vida y el amor.

Reconocemos que la familia es la comunión de personas que brota del matrimonio natural, alianza indisoluble entre un varón y una mujer, comprometidos públicamente en el proyecto de formar un hogar donde pueda germinar el don de la vida de los hijos.

La buena nueva del amor de los esposos cristianos, como participación y testimonio del mismo amor total de Cristo, es la fuente de la nueva evangelización en el ámbito del matrimonio y de la familia para beneficio de toda la sociedad.

Reconocemos, además, que la familia es la célula del entero organismo social. La familia armónica es el hábitat o ecosistema del ser humano. Donde acaba la familia comienza la soledad y la marginación. La familia, como corazón de la sociedad, se halla en la entraña del bien común que debe ser protegido y promovido.

Las causas de esta falta son los graves errores y reduccionismos antropológicos: una concepción individualista y relativista que no comprende el nexo entre libertad y comunión en la verdad del bien de las personas; una concepción materialista que excluye de la vida social la búsqueda de los valores y dimensiones de trascendencia.

Afirmamos que la familia ha de ser reconocida como sujeto social básico. Posee unos derechos inalienables que la sociedad y sus instituciones deben reconocer y defender. Conforme al principio de subsidiariedad o de subjetividad social, que se opone tanto al estatalismo como a la inhibición de los gobernantes, se han de crear las condiciones para que la familia despliegue su mismo ser y cumpla así su irremplazable misión humanizadora en beneficio de toda la sociedad.

-Necesidades y derechos de la familia.

Las condiciones para que la familia pueda existir y actuar requieren la creación de un marco jurídico y socio-económico que requiere: legislaciones familiares congruentes con su verdadera identidad, sin asimilar al matrimonio y a la familia otras realidades que no lo son; políticas fiscales verdaderamente familiares, conforme al nivel de los países más desarrollados de la Unión Europea; una política de viviendas decorosas para todas las familias, a precios asequibles, evitando la actual especulación; una política social de ayudas a las familias con especiales dificultades, como la viudedad, la separación conyugal, la discapacidad, ancianidad o enfermedad de alguno de sus miembros, favoreciendo la tutela de las familias numerosas, así como la reagrupación de las familias de emigrantes; una política laboral que permita a los matrimonios jóvenes afrontar el futuro con sosiego, a las mujeres ser madres y cuidar de sus hijos pequeños, a los padres dedicar tiempo a la convivencia familiar; una política sanitaria que favorezca la atención de los familiares enfermos, tanto hospitalaria como a domicilio; y, en fin, una política solidaria con las familias pobres del tercer mundo y con las personas sin familia, marginadas de nuestra sociedad, expuestas a degradaciones inhumanas como la prostitución, la drogadicción o el alcoholismo.

-La baja natalidad es la peor pobreza de la sociedad española .

Ésta pone de relieve la falta de esperanza que aqueja a muchas personas: no se quiere dar vida con amor generoso, porque se valora más tener cosas y disfrutar de comodidades. Hay que deplorar un hostigamiento y conjura contra la vida: no se crean las condiciones favorables a la paternidad y maternidad; se llega a la aberración de considerar el crimen del aborto como un derecho de la libertad individual.

-El derecho de los padres.

Se ha de facilitar el derecho-deber educativo de los padres, para que puedan elegir los centros docentes y definir su ideario, en el respeto a su libertad de enseñanza, incluyendo la enseñanza religiosa. Los padres son también los primeros responsables de la educación afectivo-sexual de sus hijos. Denunciamos la perversa infiltración en los ámbitos educativos de la ideología del género, que pretende diseñar la sexualidad y su ejercicio al margen de los referentes de la antropología adecuada e integral. Con diversos eufemismos, como libertad sexual, sexo seguro, salud reproductiva ,los organismos públicos, nacionales (centros docentes estatales, Ayuntamientos, Gobiernos autonómicos)e internacionales (Organización de las Naciones Unidas, Parlamento Europeo),propagan la promiscuidad sexual en formas aberrantes.

-Cultura familiar y medios de comunicación.

Los medios de comunicación social pueden favorecer en gran medida la cultura familiar, el bien de la fidelidad y la esperanza que genera el verdadero amor. En cambio, hemos de rechazar con firmeza la exaltación de la pornografía y la promoción de las patologías de la sexualidad, contrarias a la dignidad de la persona, que contaminan las conciencias y pervierten el respeto mutuo que ha de reinar en la convivencia.

-Solidaridad con las familias rotas y denuncia de la violencia doméstica.

La resolución jurídico-social de los conflictos familiares, mediante la mediación por parte de especialistas competentes y esforzados, no ha de ser una mera facilitación del divorcio. Sentimos la necesidad de Centros de verdadera Orientación Familiar dirigidos a rehacer el entramado familiar y a recuperar una convivencia estable y respetuosa.

-Necesidad y urgencia de un foro o plataforma nacional de las asociaciones familiares .

Animamos a potenciar el asociacionismo familiar en sus variadas formas. Para ello instamos con urgencia a la consolidación de un foro o plataforma nacional de las asociaciones familiares –que integre otras plataformas similares a nivel autonómico y local- y que agrupe a todas las personas y asociaciones de diverso tipo que reconozcan la verdad de la familia y deseen trabajar por su bien.

Madrid,18 de noviembre de 2001