NOTA DE LOS OBISPOS DEL SUR SOBRE LA LIBERTAD DE ENSEÑANZA EN ANDALUCÍA

 

 

1.- La educación es uno de los derechos fundamentales de la persona. Este derecho alcanza hoy, en Andalucía, a todos los niños en edad de enseñanza obligatoria. Se trata de un gran logro y de un gran progreso. Inseparable de este derecho está el que asiste a los padres a educar a sus hijos conforme a sus propias convicciones morales y religiosas y, en consecuencia, a elegir libremente la educación y el colegio que quieren para sus hijos. Asimismo, en virtud del derecho a la libertad de enseñanza, garantizada constitucionalmente, personas e instituciones sociales pueden crear centros con ofertas educativas propias, que en caso de la enseñanza obligatoria pueden reclamar ser financiadas con fondos públicos, cumplidas determinadas condiciones y, en la legislación vigente, a través de conciertos.

 

Tanto los centros estatales como los de iniciativa no estatal prestan el mismo servicio a la sociedad; los recursos de que dispone el Estado para atender a las necesidades de educación de la sociedad proceden por igual de todos los ciudadanos. En este aspecto, la verdadera libertad de elección requiere la igualdad de condiciones económicas y académicas en todos los centros docentes. Dado que los recursos del Estado son limitados, es necesario establecer prioridades; pero al señalar las prioridades en la distribución de los fondos públicos es de justicia reconocer que igual derecho a la subsistencia con fondos públicos tienen los centros de enseñanza no estatales que los creados por el Estado: más aún, igual derecho a la expansión. Esto nos parece especialmente claro respecto a la enseñanza básica, que, conforme a nuestra Constitución, sin limitación alguna, es reconocida como “obligatoria y gratuita” (Art. 27,4).

 

2.- Los datos con que contamos, en estos momentos, nos hacen ver con inquietud el ejercicio efectivo de esta libertad en Andalucía; estimamos que, en este campo, se está produciendo un recorte y limitación progresivos. El próximo año un número importante de niños no podrá recibir enseñanza en el colegio que sus padres desean, conforme a sus propias convicciones y en legitimidad legal. Queda congelado el aumento de alumnos en los centros concertados aunque haya demanda para ellos. En virtud de la planificación educativa en Andalucía, y no solo por la caída demográfica, para los próximos años se va a producir una reducción de aulas concertadas en la enseñanza obligatoria de los centros de iniciativa social o “privados”: tanto en la enseñanza primaria, como en la secundaria obligatoria, o en el ciclo medio de formación profesional. La misma planificación establece una relación de centros estatales o “públicos” que, de hecho impide, la libre elección por parte de los padres de los colegios que desean para sus hijos. Estos hechos entrañan una nueva disminución en el ejercicio del derecho a la libertad de enseñanza, tanto el que corresponde a los padres como a los centros. El futuro de esta libertad se nos ofrece lleno de interrogantes.

 

El porcentaje de alumnos en la enseñanza de iniciativa no estatal, en los dos últimos decenios ha descendido notablemente en Andalucía, a pesar de la demanda, llegando a ponerse en torno al 18 % en el presente curso: una reducción que no se ha dado en la enseñanza estatal, a pesar del descenso de natalidad, que debería afectar a todos los centros en la misma proporción. Si no se remedia, el próximo curso dicho porcentaje será todavía menor, hasta llegar a cotas que claramente denotan un gran recorte en este derecho fundamental.

 

3.- No se contempla ni se posibilita la concertación o financiación de los ciclos de educación infantil. Los padres con menos medios económicos se verán forzados a llevar a sus pequeños a los centros públicos. De este modo se les impide el ejercicio del derecho a elegir en libertad la enseñanza que quieren para sus hijos. Y, por otra parte, los centros concertados se verán privados de estos alumnos que, normalmente, permanecerían después siguiendo los ciclos de primaria y secundaria en los mismos centros. Así, en los próximos años, habrá una reducción muy importante de unidades concertadas, que pondrá en grave riesgo la posibilidad de subsistencia de estos colegios de iniciativa social. La Consejería de Educación proyecta, al parecer, cubrir el cien por cien de este nivel con centros públicos (actualmente está en el 82 %); una vez conseguido este objetivo el paso siguiente podría ser negar la financiación de la educación infantil en los centros privados por no haber necesidades de escolarización en este nivel. Esto no es aceptable porque, en un régimen de libertad, las necesidades de escolarización la marcan también las demandas de los padres.

 

4.- Una pérdida de unidades concertadas, también relevante, se está operando desde el pasado curso en bachillerato. Con la reestructuración que se está imponiendo a las antiguas Filiales en Andalucía –surgidas para atender a barrios y zonas más deprimidas- estas Filiales pasarían de tener 272 unidades concertadas en 1997, a 126 en el 2002, es decir, que habrán perdido 146 unidades, más del 50%. La disminución de alumnos en los centros de iniciativa no estatal que implica esta reducción no guarda proporción con la disminución de los centros estatales.

 

5.- La Administración educativa de la Junta de Andalucía, desde hace años, está aplicando e imponiendo una planificación rígida, en la que tiende con toda nitidez a concentrar la enseñanza en los centros estatales o “públicos”, y a ir reduciendo la enseñanza “privada” a unos mínimos residuales. Todo se somete a esta planificación, sin tener en cuenta y sin atender suficientemente al ejercicio de la libertad que compete a los padres a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos. Al actuar de esta manera se va en contra uno de los principios básicos de una sociedad en democracia y libre.

 

Cuando se recorta la libertad de enseñanza es a la sociedad como comunidad humana a la que se le priva de un derecho esencial. Cuando, además, afecta al derecho que asiste a los padres a que sus hijos sean educados en sus propias convicciones religiosas y morales, se recorta también el derecho a la libertad religiosa, que es un elemento básico en el que se asienta una sociedad democrática. La Iglesia, los Obispos, al plantear este problema de la libertad de enseñanza, prestan un servicio a la sociedad.

 

6.- Una concepción de la Administración Pública respetuosa con la dignidad de la persona humana atribuye al poder político la función de promover el conjunto de condiciones sociales que permite a las personas realizarse libremente por sí misma, y a los grupos sociales intermedios constituirse y desenvolverse libremente con fines y medios acordes con los derechos de cada ser humano: así tiene el derecho y el deber de que se ofrezcan centros educativos y puestos escolares por sí mismos o por medio de otras iniciativas sociales. Si dentro de una determinada concepción del Estado, se atribuye a la  Administración Pública organizar por sí y ante sí la vida del hombre en sociedad en todas sus dimensiones, también las educativas, tendremos un Estado o una Administración que anula a las personas. Cuando se tiende a invadir esferas de la vida privada de las personas, como su vida familiar y la educación, ejerciendo casi como una especie de monopolio educativo fácilmente se propende hacia un totalitarismo que nada ni nadie puede justificar.

 

En el conjunto de los servicios que el Estado, o la Administración Autonómica debe prestar a la sociedad, la función del poder político es de apoyo y ayuda a las personas, a los grupos sociales, pero nunca para sustituirlos, ni absorberlos o reducirlos a mínimos. Una recta comprensión de la función subsidiaria de la Administración Pública educativa reconoce a ésta funciones de creación de centros y puestos escolares, así como de coordinación, de planificación, de control y promoción de las diferentes iniciativas educativas. Pero este mismo principio de subsidiariedad exige que, en el interior del organismo social, el Estado reconozca a las personas y  a los grupos intermedios una actuación que permita tanta libertad cuanta permita el bien común. Es un principio de libertad social. Es un principio de carácter social y ético que, en cuanto debe servir de norma del poder político, se transforma en un principio jurídico: conceder toda libertad posible, imponer sólo las restricciones necesarias. Para un recto orden social y político es necesario que la Administración Pública, el Estado, no absorba o reemplace al individuo, a las familias o a los grupos intermedios.

 

La acción del Estado es necesaria, pues, para garantizar el respeto a los derechos y deberes de los ciudadanos y la contribución efectiva de todos al bien común de la sociedad, pero nunca de modo que se anule la iniciativa prioritaria de las personas, de los grupos y de la sociedad.

 

7.- Cuando casi todo se supedita a la planificación y organización, cuando se operan recortes en la libertad de enseñanza y se propicia, por razones al menos organizativas, un cierto monopolio de la enseñanza estatal se lleva a cabo fácilmente una invasión en aspectos de la vida humana que tienen relación con los valores morales y religiosos. La tendencia monopolizadora de la Administración Pública en la organización de la enseñanza representa un grave peligro de manipulación o imposición ideológica de la sociedad desde el poder político. Creemos que nadie pretenderá ni aceptará tal imposición de una ideología en el sistema educativo, pues caeríamos en la peor de las dictaduras, la dictadura de los espíritus (Cfr.  OA 25).

 

8.- Por ello pedimos a la Junta de Andalucía que revise su actual planificación educativa y propicie una verdadera libertad de enseñanza, que, entre otras cosas, conlleva la no reducción de aulas concertadas si hay demanda para ellas. Rogamos asimismo encarecidamente a los padres de familia que defiendan los derechos que les asisten y a las instituciones de enseñanza de iniciativa social que no renuncien a ellos. Está en juego la libertad de enseñanza y de la sociedad, la dignidad de las personas. Una planificación de la enseñanza que se propusiera organizar, en el fondo, la vida del hombre, aun en la hipótesis de que el pueblo lo tolerara, lo consintiera o lo eligiera, sería lo más opuesto a la dignidad de la persona humana y pondría en peligro el futuro de nuestra sociedad en libertad.

 

 

Almería, 8 de mayo de 2001

 

+ Carlos Amigo, Arzobispo de Sevilla. + Antonio Cañizares, Arzobispo de Granada. + Antonio Dorado, Obispo de Málaga. + Ignacio Noguer, Obispo de Huelva. + Rosendo Álvarez, Obispo de Almería. + Santiago García, Obispo de Jaén. + Javier Martínez, Obispo de Córdoba. + Antonio Ceballos, Obispo de Cádiz y Ceuta. + Juan García-Santacruz, Obispo de Guadix-Baza. + Juan del Río, Obispo de Jerez.